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La línea de un círculo ‹ Relatos Bluetales

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La línea de un círculo

por Relato finalista

Estimada Paula:

Este correo seguramente te resultará tremendamente extraño, pero te pido que lo leas con detenimiento. Yo mismo no sé muy bien qué pensar de los hechos que recojo en él.

Cuando recibí la caja que contenía todas las grabaciones sobre las que escribo y leí la carta que la acompañaba, sentí el impulso de tirarlas directamente a la basura. No entendía cómo D.A. —de momento mantendré el anonimato de los protagonistas, hasta que podamos vernos en persona—, viuda de A.D.B., nos la enviaba, siendo su difunto marido un conocido parapsicólogo. No le veía mucho sentido, dado el objetivo de nuestra fundación, que siempre ha sido la promoción de la investigación en el ámbito de la física teórica.

Pero eso fue antes de ver las grabaciones.

Lamento que las únicas copias de los originales sean las de mi móvil personal, pero es que aquella tarde en la que me puse a visionar el material no pensaba que fuera a ser más que un pasatiempo con el que tal vez escribir alguno de los relatos a los que soy aficionado. Por desgracia, eso ha hecho que la calidad de la imagen sea pésima, y totalmente inútil.

Las grabaciones originales se encuentran en soportes de lo más diverso, y abarcan un periodo de unos sesenta años, desde —creo— 1954 a 2014; el estado de conservación de las más antiguas es deplorable. Estoy buscando un laboratorio profesional que pueda digitalizar todo el material con una pérdida de contenido mínima, para que juntos podamos revisarlo con más detenimiento. Es por ello que no me he atrevido a hacer una segunda copia en vídeo —me arrepiento de haberlas visto ya porque quizá haya dañado irreversiblemente alguno de los originales—, y te envío las transcripciones que he hecho personalmente sobre mis vídeos. Antes de cada una de ellas te indico las fechas aproximadas en que las dato, aunque eso no son más que estimaciones mías sin una base demasiado rigurosa.

Como te decía, lee el correo detenidamente. Discutiremos sobre la naturaleza de los hechos narrados —y sus posibles implicaciones— cuando podamos reunirnos.

***

Doc. 01: Verano de 1954

[El primer documento se encontraba en un sobre. Consistía en una grabación de magnetofón junto a una borrosa fotografía en blanco y negro.

Estimo que se situaría en verano de 1954 por el niño que acompaña a A.D.B. Sobre la identidad de éste, por una de las posteriores grabaciones —c. f. i. «Doc. 09»—, sé que se trata de G.M., su primo por parte de padre, quien además sufrió un accidente en verano de aquel año que obligó a hospitalizarlo y lo mantuvo en coma varias semanas.

De ser mi data correcta, A.D.B. tendría nueve años cuando comenzó todo.]

G.M.: [Susurrando.] Tengo miedo.

[Se escucha el ruido de pisadas sobre escalones de madera que crujen.]

G.M.: [Susurrando.] Venga, vámonos.

A.D.B.: [Susurrando.] Calla. Y levanta más el micrófono. [Pausa.] El otro día lo vi aquí, al hombre pálido. Voy a hacerle una foto.

[Pausa prolongada.]

G.M.: [Susurrando.] No hay nadie. Vámonos.

A.D.B.: [Susurrando.] Espera.

[Pausa.]

G.M.: [Susurrando.] Yo me voy. Te espero en el parq- [Interrumpido.]

A.D.B.: [Gritando.] ¡Ahí!

[G.M. grita. Se escuchan sus pasos precipitados por la escalera y un fuerte golpe.]

Doc. 02: Adjunto a documento 01

[Se trata de una fotografía en blanco y negro que el tiempo ha amarilleado. La imagen muestra el desván en el que se sitúa la grabación transcrita en el documento anterior.

La iluminación es muy tenue, y proviene de los escasos ventanucos de la sala. En una de las esquinas, frente a unas cajas apiladas y un bulto tapado con una sábana, se aprecia una figura. Los rasgos son borrosos, pero sin duda tiene la forma y constitución de un hombre adulto. Dicha figura parece translúcida, y es difícil asegurar que no se trate de la sobreimpresión de dos fotografías en un mismo negativo.]

Doc. 03: 19/20 de julio de 1975

[Estimo la fecha sobre el hecho de que es un dato público que A.D.B. recibió en herencia la casa familiar el 25 de junio de 1975, tres días después del fallecimiento de su padre, el conocido empresario N.D.

La grabación es una cinta de Super-8. En el lateral del cartucho se aprecian los restos de una pegatina blanca sobre la de la marca Kodak. Me temo que no hay manera de saber cómo estaba etiquetada esta grabación.

A.D.B. aparece sentado en una silla en el antiguo despacho de su padre en la casa familiar.]

Después de todo, este fin de semana hemos sacado tiempo para venir a ver la casa. Hace ya casi un mes que nos la entregaron, pero me resistía a venir. Al principio pensaba que era por el accidente que provocó la escisión de mi familia y la culpa inconsciente que lo acompañaba, pero no, no era eso.

Era por el fantasma, que de alguna manera había quedado enterrado en mi memoria.

Quizá no lo habría recordado de no ser porque al entrar en mi antiguo cuarto me he encontrado en uno de los cajones del viejo escritorio la fotografía que le saqué de niño. Por supuesto, como adulto enseguida he racionalizado lo que ocurrió.

Pero no he podido evitar la tentación de subir al desván. Y entonces ha ocurrido algo. Estaba asomado a uno de los ventanucos, cuando me ha parecido percibir un movimiento. Me he girado, y había…

[Pausa.]

algo asomado al hueco de la escalera. No sé si estaba agachado o si era deforme, pero sin duda era un ser humano… bueno, más bien como un fulgor muy tenue con la forma de un ser humano, casi como el reflejo de una sombra sobre una masa de agua mecida por unas suaves olas. Pero de algo estoy seguro, y es de que me miraba fijamente.

Me he quedado paralizado hasta varios minutos después de que lo que sea que fuera se haya ido.

[Enciende un cigarrillo y aspira profundamente.]

Debería olvidarlo y vender la casa como dijo D. [Editado.] en cuanto la heredé, pero con lo que acabo de ver sé que no voy a hacerlo.

[Pausa.]

No sé, quizá es la crisis de los treinta. No puedo explicarlo, y no quiero hablar con D. [Editado.] de ello, pero hace meses que no duermo bien: me despierto de madrugada empapado en sudor, pero eso no lo provoca ninguna pesadilla —que yo recuerde, hace años que no sueño, o que al menos no recuerdo mis sueños— sino un miedo hueco, el miedo a que tras esta vida no haya más que un vacío en el que no pueda pervivir ninguna conciencia.

[Pausa.]

Es una sensación horrible y difícil de explicar. Es la falta de hálito ante el vacío, el vértigo ante lo irrelevante de cualquier decisión individual, el pánico frente a un pozo existencial sin fondo, el terror de la nada… Pero, ¿y si hay algún tipo de existencia tras la muerte? ¿Y si no toda acción es trivial, porque al menos queda una conciencia trascendente que conserva el registro de cada vida, de cada voluntad?

[Aspira profundamente varias caladas, sumergido en sus pensamientos.]

Quizá esta sensación que tengo de mutilación futura desaparecería. Si tuviera alguna certeza…

Creo que tengo que investigar esto más a fondo.

[Se levanta para apagar la cámara.]

Doc. 04: Septiembre/octubre de 1986

[Estimo la fecha sobre el hecho de que es un dato público que A.D.B. se separó de su mujer en agosto de 1986, y que por el aspecto que presenta en la grabación no parece que haya pasado el tiempo suficiente como para que haya asimilado el cambio de su situación.

La grabación es una cinta de Betamax, a pesar de que en ese momento el formato estaba ya obsoleto.]

No podía ser de otra manera. Al final D. [Editado.] se ha marchado. No puedo culparla, ha aguantado más de lo que podría haberle exigido. Primero lo del giro a mi carrera profesional. Después lo de apartarnos de los círculos sociales que frecuentábamos cuando mi padre vivía. Y por último, mi rechazo a tener hijos hasta no estar seguro…

[Pausa.]

Y, por supuesto, vivir en una casa con fantasmas no es fácil, aunque su presencia nunca nos haya hecho daño alguno.

[Pausa.]

Los fantasmas —porque son varios— que transitan la casa me desconciertan. Tengo varias fotografías y grabaciones de ellos, por lo que su existencia en el plano material parece incontrovertible, por mucho que esos imbéciles académicos se nieguen a aceptar su validez.

[Enciende un cigarrillo.]

Desde que hace dos años Reitman estrenara su película, no han dejado de llamarme «el cazafantasmas»…

Pero eso no me preocupa. Lo que sí me preocupa es que las apariciones, centradas sobre todo en el desván y en este mismo despacho, no provocan los fenómenos típicamente asociados con ellas: no se dan poltergeist, los termómetros no registran bajadas bruscas de temperatura, los micrófonos no captan psicofonía alguna, las cámaras infrarrojas no muestran nada que las cámaras convencionales no capten… Es desconcertante.

Y otro dato que me preocupa —no me atrevo a decir «hecho» porque no pasa de ser una intuición mía—, es que todas las apariciones, a pesar de lo difuminado de los rasgos, se parecen entre ellas, y estoy casi convencido de que pertenecen a la misma familia.

[Pausa.]

Tengo que revisar el registro de la propiedad. Quizá antes de que mi padre comprara la casa el anterior propietario y su familia sufrieron algún terrible accidente que los ha anclado a este lado.

[Se levanta para apagar la cámara.]

Doc. 05: 1994 (?)

[Estimo la fecha sobre el hecho de que es un dato público que A.D.B. participó en varias conferencias controvertidas sobre parapsicología en diversas universidades entre 1990 y 2001, pero que la única que podría cuadrar con su aspecto de un hombre de unos cuarenta años es la que celebró en B. el 4 de febrero de 1994.

La grabación es una cinta de VHS, sin etiqueta alguna.]

Veinte años de artículos y libros, alejado de las tonterías ocultistas y esotéricas, intentado establecer un diálogo racional sobre los hechos y las pruebas que aporto, y los supuestos científicos —quienes no deberían rechazar una hipótesis hasta tener evidencias que la falseen— siguen haciendo las mismas burlas que cuando empecé.

[Enciende un cigarrillo.]

En fin, dejémoslo…

[Aspira profundamente.]

Anteayer hice otro descubrimiento que quizá me dé una nueva pista sobre la identidad de las apariciones, y quizá la causa de que estén aquí. Mi teoría de la familia muerta en trágicas circunstancias resultó equivocada: desde que la constructora levantó esta casa, se mantuvo desocupada hasta que mi bisabuelo la compró.

Como decía, hace dos días revisaba las grabaciones de las cámaras que tengo repartidas por la planta superior, y me encontré con una que fue muy significativa. Se trataba de un hombre, sentado justo en esta misma silla en la que ahora lo hago yo. Era un anciano, que tenía algo en las manos. Lo relevante es que sus rasgos, cuando los he visto, me han recordado, sin duda alguna, a los de mi abuelo, aunque había algunas diferencias: el corte de pelo, la forma de las gafas —nunca se me olvidarán sus gafas de concha—, la línea del mentón. Pero los ojos, los pabellones auditivos, los arcos cigomáticos… eran iguales, su pasado genético común innegable.

Eso ha hecho que me plantee una nueva posibilidad: ¿se trata de algún hermano de mi abuelo cuya muerte —es más, cuya existencia— mis antepasados ocultaran? ¿Quizá por eso permanece aquí, para transmitirme un mensaje?

Si mi madre no tuviera demencia senil… creo que tendré que intentar hablar con mi tía.

[Se levanta para apagar la cámara.]

Doc. 06: Adjunto a documento 05

[La grabación está registrada en otra cinta VHS. Ha sido filmada en el despacho de la casa.

 En el lado izquierdo del cuadro se aprecia un escritorio, aunque el mismo parece borroso, como si sobre él hubiera otra imagen de sí mismo superpuesta.

En el centro del cuadro puede verse claramente la figura traslúcida. Aunque la imagen fluctúa como si no se hubiera grabado su permanencia de manera consecutiva sino con desfases de fotogramas, sí que se puede apreciar que se trata de un anciano. Parece sostener algo en las manos, un objeto rectangular, quizá una caja o un cartel. Sobre él hay unas líneas que parecen mostrar algún signo, pero las sombras y el parpadeo no permiten identificar el diseño.]

Doc. 07: 11 de septiembre de 2003

[Estimo la fecha sobre el hecho de que menciona el segundo aniversario de un acontecimiento público y notorio.

La grabación es un archivo de vídeo —nota.avi— almacenado en un CD. Sobre la superficie del disco está escrito con rotulador indeleble «Archivo», aunque en el mismo no hay más archivos.]

Casi me parece mentira que hoy se cumplan dos años del atentado de las Torres Gemelas. El tiempo es casi una alucinación. Imagino que a esto es a lo que se refería Bergson cuando distinguía entre tiempo y duración…

[Enciende un cigarrillo.]

Estoy en un punto muerto. Las apariciones continúan, pero creo que he agotado las líneas de investigación. No hay nada en ningún archivo que me dé la más mínima pista sobre mis posibles familiares perdidos. Nada en los registros, nada en las necrológicas… aunque con la considerable influencia de mi familia en el pasado, no me sorprende demasiado.

Y así pasan los días, y las caras de los espectros me miran, no sé si con reproche o con lástima. Si al final no son energía como siempre he interpretado, sino espíritus, si los veo porque permanecen en la intersección entre este mundo y el más allá como el ser tridimensional en el Mundoplano de Edwin Abbott… quizá mantengan una identidad, quizá quieren decirme algo.

[Pausa.]

Querría comunicarme con ellos, pero no se me ocurre la manera.

[Extiende la mano hasta el ratón para detener la grabación.]

Doc. 08: 6 de enero de 2012

[Estimo la fecha sobre el hecho de que es un dato público que N.D., padre de A.D.B., nació el 6 de enero de 1924.

La grabación es un archivo de vídeo —nota12.avi (destaco aquí el hecho de que, en caso de que A.D.B. siguiera una numeración correlativa, hemos perdido diez grabaciones)— almacenado en un USB. No hay etiquetado alguno en el soporte físico.]

Hoy mi padre habría cumplido ochenta y ocho años. Quizá su espíritu me observa, aunque hace años que no veo más que a los niños y a los jóvenes, y que los ancianos han desaparecido de las apariciones.

[Aspira del cigarrillo que ya estaba encendido cuando ha comenzado la grabación.]

Estoy cansado, profundamente cansado. Hace años que me rendí en el ámbito académico y que me confiné en esta casa… Incluso he renunciado a mi acercamiento racional. Ya no necesito una explicación: necesito una respuesta, cualquier respuesta…

[Pausa.]

La semana pasada probé hasta con la ouija. Supuestamente no se debe hacer solo, pero ¿qué podía pasar? ¿Que me poseyera alguno de mis fantasmas? ¿Que me llevaran con ellos? Tras tantos y tantos años, en realidad son la única familia que he tenido…

[Pausa.]

A veces me pregunto si todo no habrá sido una estupidez, si no habré quemado mi vida buscando una respuesta para desterrar el miedo y poder vivirla plenamente cuando simplemente debería haberla vivido…

Creo que D. [Editado.] tuvo dos hijos…

[Aspira profundamente del cigarrillo y lo apaga en el cenicero sobre el escritorio.]

Me alegro por ella.

[Pausa.]

[Extiende la mano hasta el ratón para detener la grabación.]

Doc. 09: Finales de 2014

[Estimo la fecha sobre el hecho de que es un dato público que A.D.B. murió el 9 de diciembre de 2014, a los sesenta y nueve años de edad, y que en la grabación ofrece un aspecto muy similar a las pocas imágenes que nos quedan de él en las redes sociales de su último año de vida.

La grabación es un archivo de vídeo —fin.mp4— almacenado en un USB. No hay etiquetado alguno en el soporte físico.

Paula, si hasta aquí has leído el correo en diagonal, por favor lee el siguiente fragmento al completo.]

Mi padre siempre decía que para ver un cuadro debías situarte a cierta distancia, que en la cercanía era fácil concentrarse en un detalle y no ver el conjunto, que la obsesión por una parte podía impedirte comprender el sentido del todo, entender lo que estabas viendo en realidad. Como tantas cosas de las que decía mi padre, desestimé aquella máxima pensando que no era más que otra de esas frases ligeramente paradójicas que soltaba en los actos de sociedad para parecer más profundo de lo que en realidad era.

[Enciende un cigarrillo, aspira y emite una serie de toses roncas.]

Ojalá lo hubiera escuchado más atentamente.

Ojalá no hubiera estado tan ciego.

[Pausa.]

Me ha llevado cuarenta años descifrar el misterio de esta casa. Y cuando por fin lo he hecho, la verdad no puede ser más dolorosa, la realidad no puede ser más irónica.

El descubrimiento en sí ha sido una casualidad, uno de esos momentos en los que dos imágenes que uno siempre ha tenido en mente se superponen y revelan su identidad.

Estaba revisando otra vez todo el material antiguo, hasta que he vuelto a ver la fotografía de aquel fantasma que mi primo y yo sacamos cuando éramos niños.

En un instante todo ha cobrado sentido.

No hay fantasmas. Nunca los ha habido.

En la foto, el fantasma que vimos estaba en el desván y parecía como si se acabara de girar, sorprendido por algo. A mis treinta años en ese mismo desván me giré, alertado por un vago movimiento en las escaleras, y vi el fantasma de un niño. Y era ambos: de niño me vi como un reflejo de mi yo adulto; de adulto volví a ver el eco de mi yo niño. No se trataba de los espíritus de mis familiares desaparecidos, no había ninguna historia negra de ramas genealógicas borradas intencionadamente. Sólo era yo, una y otra vez, siguiendo mis propias huellas, trazando con ellas la línea de un círculo.

[Aspira el cigarrillo, que ya se ha consumido entre sus dedos en sus tres cuartas partes.]

No soy físico, por lo que no puedo explicar el fenómeno, pero es como si, de alguna manera, en esta casa hubiera un nudo cronológico, como si la recta del tiempo se hubiese plegado sobre sí misma, y en los puntos en contacto me hubiera permitido ver destellos de los otros momentos de mi propia vida.

[Enciende otro cigarrillo con la colilla del anterior. Sus ojos están enrojecidos.]

Pero ahora que sé la verdad, me doy cuenta de que ésta no es una explicación de nada. No es más que la risa cruel del mundo ahora que he comprendido la broma que me estaba gastando.

Dios mío, llevo cuarenta años persiguiéndome a mí mismo.

[Pausa. Tras unos dos minutos en los que sigue fumando, aplasta el resto del cigarrillo en el cenicero. Extiende la mano hasta algún punto fuera del cuadro para coger una hoja y un Edding 850.

A partir de este momento la voz le tiembla. Apoya el papel sobre una carpeta y, con mucho esfuerzo, escribe algo en la hoja con el rotulador. Por el ángulo, no puede verse lo que escribe.]

Sólo hay algo bueno de todo esto. En esta última semana he podido volver a verme jugar de niño, en esa época inocente en la que de verdad estaba viviendo en el momento que me correspondía. Y he vuelto a ver a D. [Editado.], su sonrisa… Al menos sé que en el tiempo que me quede, no estaré tan solo.

[Pausa. Contempla la hoja sobre la que ha escrito.]

No puedo desprenderme de la idea de que si he llegado a este momento se debe necesariamente a que mi pasado ha sido exactamente el que ha sido, de la concepción de que la línea del tiempo es una cadena de causa y efecto. Y que las visiones del pasado-futuro amalgamadas son parte de ese devenir, y que no han servido de advertencias sino al contrario: han sido como las profecías de una maldición que han acabado condenándome a esta resolución.

Y sé que la conciencia que tengo ahora de lo ocurrido no basta para alterar el pasado.

[Deja la carpeta sobre la mesa, boca abajo.]

Podría intentar enviarme un mensaje, decirle a mi yo anterior que no malgaste su vida…

[Pausa.]

Pero sería absurdo. Una película no cambia por muchas veces que la veas.

[Extiende la mano hasta el ratón para detener la grabación.]

***

Al comienzo de este correo te he escrito que la caja contenía una serie de grabaciones además de la carta de D.A. Revisando todo el material recibido, me doy cuenta de que eso no es exacto. Hay algo más, algo que quizá para lo que pueden significar estas grabaciones en el campo de la física —de probarse su veracidad— sea irrelevante. Pero mi pequeña vena de escritor aficionado no puede descartarlo sin más, porque pone fin a la historia.

Junto a las grabaciones, la viuda de A.D.B. incluyó un papel, uno que posiblemente encontrase en el escritorio de su marido, del que recogió el resto del material. Se trata de una hoja, Din-A4, donde, con caligrafía vacilante y mayúsculas, hay escritas tres palabras.

«YO SOY TÚ».

Creo que, aunque era absurdo, lo intentó —c.f.s. «Doc. 06».

Atentamente,
Daniel.

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