Ir directamente al contenido de esta página

Cómo una bomba fecal puede cambiarte la vida

por

Tengo dos maneras de explicar todo este embrollo, una buena y otra mala, y como no, os contaré la mala.

Tendría que empezar explicando donde nací, Bristol, una ciudad industrial, con mas humo que cielo y con mas trabajadores del metal que curas, un padre borracho pero honrado y una madre callada pero con una fuerza interior mas potente que un huracán.

Cinco hermanos y dos hermanas, todos sin estudios, como, bregando por la vida y haciendo lo que había que hacer para llevar un trozo de pan a la mesa.

Ahí entra mi fulgurante carrera, robando verduras en el mercado a los ocho años, coches y peleas callejeras a los once, y robo a mano armada a los quince, nunca con violencia pero siempre con firmeza, el miedo lo hace todo, solo tienes que saber gestionarlo.

Todos tenemos miedo, a mil cosas diferentes, pero todos coincidimos en una, el miedo a la muerte, por ese miedo das cualquier cosa y ese, era mi trabajo.

A los dieciocho, primera temporada en la cárcel, ocho meses en la penitenciaria de Bristol, seis palizas, un par de cuchilladas, una en el hombro y otra en las costillas, que todavía los días fríos la siento como si fuera de ayer, y un señor mayor con una fuerza de coloso que quería jugar con mi culo todas las noches de esos ocho meses, pude salvar mi sagrado agujero, pero tuve que perder otras cosas, entre ellas la inocencia.

Puedo decir que aquella temporada fue mi iniciación en la carrera criminal, pero sinceramente hay que decir que solo fue una etapa, no aprendí nada bueno, salvo leer, ahora leo todo lo que pasa por mis manos, revistas de moda, de coches, novelas históricas, filosofía, matemáticas, ingeniería, derecho y revistas guarras con relatos cortos, en fin, de todo.

Cuando salí de allí, era otra persona y no mejorada, era otro tipo de criminal, había visto la sangre correr, hombres degollados, violados e humillados por sus propios compañeros, la cárcel quema y te destruye, el truco consiste en que todo pase por tu lado sin tocarte, pero si algo te salpica, creerme, lo mejor es ir hasta el final, pero todavía no ha llegado ese momento para que cuente cuando, de momento proseguiré con mi relato.

Me dedique a robar joyerías, estancos, gasolineras y de vez en cuando algún ricachon saliendo de los grandes almacenes, todavía con las carteras llenas de billetes, nada importante, lo suficiente para seguir tirando, nunca fui un loco por los coches de lujo, las casas grandes con piscina o las mujeres despampanantes, me conformaba con un prius eléctrico azul, una casita con huerto en la zona obrera y las mujeres que iban cruzándose en mi vida, a veces buenas y otras no tan buenas.

He amado, he odiado y he llorado, como la vida misma, pero nunca me he rendido y todo lo que empiezo lo acabo, en una norma en mi vida.

Bueno, pasemos a lo gordo, hace dos años, recién cumplidos los treinta, se me presento la oportunidad de mi vida, esa de las que hablan en las películas engoladas, un tren pasaba por mi lado y no podía dejar de subirme.

Tenia dos compañeros de correrías, Justin, un tío raro pero competente, comía la sopa en jarras de cerveza y que gustaba de ir al cine de la mano de su abuela, tenia un coche que se caía a pedazos y del cual hablaba como si fuera un jodido Ferrari, vacilaba de ser un ligon empedernido, cuando lo único que hacia era ir todos los domingos del año a una casa de putas a armarla, se jactaba de ser un ladrón de guante blanco, cuando nunca había pasado de un par de joyerías de barrio pobre.

Pero, cuando te escuchaba, se le grababa en la mente a fuego, si necesitabas su ayuda, estaba dispuesto a vender su coche sin ningún tipo de problema por salvarte el pellejo y sobre todo, nunca te dejaba en la estacada, ladrón, putero, raro hasta la extenuación, pero el mejor compañero que podía encontrar en toda la ciudad.

—Justin, ¿Por qué siempre bebes la sopa en jarras de cerveza? Macho eres un rarito…

—Tío, la jarra me la puedo llevar a todas partes, que voy al baño, la sopa viene conmigo, que voy a al salón a ver la televisión, la sopa me acompaña, que voy al porche a tomar el aire, pues la sopa se enfría a mi lado y así siempre.

—Pero Justin, que vas al cine con tu abuela, joder.

—Mi abuela me paga el cine, me invita a las palomitas y luego tenemos conversaciones sobre la película, el guión, la fotografía, las dotes de actuación de todos los actores de cabo a rabo, ¿con cuantas mujeres has salido que te den esos momentos de alegría?

—Justin, coño, ¡que es tu abuela! Y ¿que me dices del puto coche cochambroso que tienes en la calle y que cuidas como si fuera un tesoro nacional?

—Bueno, ¡basta ya! Es mi coche, me llevó en mi primera cita con una chica, llevé a mi abuela al hospital cuando tuvo sus ataques, he echado mas polvos en ese coche que pelos tienes en la cabeza, así que no me digas como tengo que tratar a mi coche…

Mi otro compañero de fechorías era Andy, guaperas, siempre bien vestido de ropa de saldo, engominado con jabón de lagarto, de tendencias suicidas y cobardes, y digo cobardes porque nunca dejaba que la cosa se le complicara demasiado, si tomaba pastillas a los diez minutos las vomitaba, si intentaba ahorcarse siempre lo hacia donde pudiera tocar el suelo con las puntas de los pies y así siempre, llamar la atención mas que otra cosa. Con gran conversación y sangre fría era el contrapunto a Justin en el trío, despistado y un poco gruñón, pero detallista hasta el extremo, salvo para sus suicidios.

Podía repasar más de treinta veces el plan, antes de sacarle fallos, podía estar mas de media hora peinando hacia atrás su pelo, frotar sus manos con jabón durante ratos interminables y otras extravagancias diversas, lo más importante es que en los momentos serios todo eso quedaba en nada, ideas banales que se las llevaba el viento.

—Andy, ¿Cuántas veces te has peinado hoy joder? Que se te va a caer el pelo un día de estos, jodido loco.

—Si me peino seis veces, tengo calambres en los dedos, si lo hago diez, tengo un tic en el ojo, así que si no lo hago una par de docenas no puedo ni tomarme el café tranquilo.

—Ya, y ¿no podrías comprar de vez en cuando ropa nueva y moderna?

—Pero tío, toda la ropa que llevo me queda como un guante, en su momento fue lo mas moderno y ¡mira! Toca este genero, cachemira del bueno, ni se lo han comido las polillas todavía, algo así es para lucirlo.

—Si, en un geriátrico con ex yonkis de los ochenta, pirado de los cojones, anda tira para la calle que te me pones tonto y te me suicidas con una sonrisa.

—No juegues con esas cosas tío, la próxima vez te juro que me mato y lo grabo, pienso escribir una carta al juez culpándote de todo, mamonazo, y esta vez ni tu ni nadie podrá pararme, voy a comerme un bote entero de tranquilizantes y ya veras.

—¿Que voy a ver, a un idiota con cara de sueño y que balbucea que se ha despeinado?

¿Y como llegamos a aquí?, ah, perdonar que nos haya contado donde estamos juntos desde hace tiempo, un sitio oscuro, frió y maloliente, la prisión de Stackton a cincuenta kilómetros de Edimburgo, en una colina rodeada de praderas verdes en verano y dos metros de nieve en invierno, a lo lejos, a unos quince kilómetros, en los días sin mucha niebla, podemos ver los restos del castillo de Holjner, como testigo de nuestra presencia en aquellas tierras, no es que sea la peor cárcel de Inglaterra, pero tampoco la mas fácil, el tiempo en este lugar hace que todo sea mas duro, los inviernos son largos y aburridos.

Llevamos cuatro años encerrados, el trío calavera y otros ochocientos reclusos de su padre y de su madre, hemos tenido peleas, altercados y discusiones casi a diario, pero así es la vida en la cárcel o te adaptas o mueres.

Al segundo año estrangulé a un tipo que quiso conocer mi próstata de la forma mas directa, y evidentemente le apreté el cuello con tanta fuerza que me rompí dos dedos, no os equivoquéis, no soy un asesino, odio matar gente, pero cuando el final de tu vida te da en los morros, o lo coges y te lo tragas o lo dejas pasar, y dejar pasar las cosas no es mi fuerte, resumen, ocho años mas de condena.

Justin le saco un ojo a un recluso que quiso quitarle la jarra de la sopa, ya os dije que era un tío raro, pero aquí todo el mundo sabia que valor le daba a su jarra, un ciego mas vagando por el mundo y Andy, que os puedo contar de él, ah si, intentaron violarlo un par de terroristas del IRA y lo consiguieron, no pudo sentarse durante un par de meses y le tuvieron que dar mas de veinte puntos en el santo agujero, tardo un año en encontrar su momento, pero lo consiguió, en una visita de unos familiares a uno de ellos, se acercó con una cuchilla de afeitar y degolló a su esposa, once años mas de condena, del otro encontraron su cuerpo destrozado en las duchas una mañana de enero, se dice que contrato a unos presos nigerianos para que le hicieran el trabajo, hoy en día ni siquiera yo se lo que pasó, pero la venganza esta echa.

Y aquí estamos, con penas largas y caras mas largas aun, pero tengo un plan para salir de aquí, dantesco, extraño y surrealista, pero que si se dan las condiciones podremos estar respirando en la calle en poco tiempo.

En la cárcel soy el encargado de las letrinas, tuberías y demás agujeros infectos, se el poder de la mierda, y ese es el metano, si dejas que el metano surja, se concentre y se concentre y se concentre, tiende a buscar una salida y si no, alguien, con una cerilla, un encendedor o una chispa fortuita hace el resto.

Llevo dos años aislando tuberías, pozos y pasillos mal sanos para que todo el metano se dirija a una pequeña estancia al sur de la cárcel, tiene fisuras y algo se pierde, pero cada vez el ambiente es mas denso, mas escatológico y poderoso, me gusta llamarla como mi propia bomba de mierda y cuando explote, aparte de derrumbar una pared por donde podremos salir, olerá como si acabara de defecar el mismísimo diablo.

Pero basta de hablar de mi plan, ese tiene su tiempo y soy paciente. El ahora es sobrevivir un poco mas de tiempo y no hacer saltar la liebre, tenemos enfadados a los del IRA todavía, menos mal que ninguno tenemos familiares en Inglaterra, mis hermanos y padres emigraron a Mallorca hace tiempo y se han cambiado el nombre, mis compañeros no tienen a nadie y así es todo mucho mejor, no se pueden vengar de nosotros a no ser que vengan de cara y eso, no es propio de ellos, dar por culo y poner bombas a distancia si, maricones de medio pelo.

Tengo un compañero de celda, una puta de la cárcel, John “La Perla”, se lo monta con unos cuantos de por allí y a cambio, tiene sus cigarrillos, cerveza fría de vez en cuando y protección a cualquier hora del día, ventajas de chuparla bien y nunca decir que no, esto no se encuentra en la calle amigos, no dejéis de buscar.

—John, ¿Cuántas pollas te has comido hoy?

—no muchas, la suficientes para que pueda almidonarte las camisas idiota.

—Sabes que no hace falta que lo hagas perrita abandonada.

—Lo se, pero me encanta hacer algo aquí dentro sin que me den ordenes y tu no me las das cariño.

—Bueno, tampoco te pongas tan cariñoso, que no te voy a dar lo que quieres joder, que te pones de un meloso que da ascazo, anda y súbete los pantalones que vas enseñando la raja del culo.

—De eso se trata idiota, a ver si no como voy a enseñar lo que se pierden muchos por aquí, además, que ese fin de semana quiero una caja de cervezas para celebrar mi aniversario de pena aquí dentro, así que necesito unas cuantas pollas descansando bajo mi trasero.

—Si es que eres una pequeña putita francesa, por cierto ¿que tenemos de cenar hoy?

Un buen hombre al fin y al cabo, un superviviente, nos llevamos bien en esa celda tan pequeña, incluso a veces me plancha la ropa sin pedir nada a cambio, yo tampoco se lo pido, pero no le pierdo de vista, un aliado es un aliado y él, lo sabe. Gracias a sus contactos me tiene informado de todo lo que pasa en la cárcel y eso no está pagado.

Pero volvamos al quid de la cuestión, nuestra huida a base de bomba de mierda. Había calculado que en menos de un mes tendría la suficiente concentración de metano para tirar ese muro que nos separaba de la ansiada libertad, solo necesitaba paciencia y no hacer mucho ruido en un sitio tan lleno de gente y con tan mala fe.

Quizás ya era hora de aprovechar todos los favores que había prestado durante estos años a la gente adecuada, necesitaba ciertas cosas que no podía pedir al alcalde, como todas ilegales, pero que tenían gran importancia en la consecución de nuestra meta.

El mes pasó rápido, la suerte estaba echada y un día a las tres de la tarde, un celador que pasaba por un pasillo estrecho y que creía solitario, y estaba en lo cierto, encendió un cigarrillo o por lo menos lo intento, porque salio despedido en mil pedazos, al igual que una parte del muro de mas de cincuenta metros cuadrados, aquel día no solo nos escapamos nosotros sino mas de trescientos reclusos por aquel enorme agujero, vale que detuvieron a la gran mayoría, pero no a nosotros, por que en cuanto explotó la bomba de mierda, nos dirigimos a nuestras celdas y nos pusimos nuestros disfraces de bomberos y tan pronto como las ambulancias, bomberos y policías llegaron al lugar nosotros cruzamos la ultima frontera que nos separaba de la libertad, los detalles no son importantes, lo importante es donde estamos, que somos y que hacemos para seguir viviendo, eso si puedo contarlo, principalmente por que es lo único positivo en esta historia.

Dos años después de la hecatombe fecal, Justin, Andy, yo y por supuesto, John “La perla” estamos en Aruba, regentamos un bar de playa, donde deleitamos a los clientes con bocadillitos de jamón con lechuga fresca y cerveza a raudales.

Justin tiene una jarra nueva para la cerveza, llama a menudo a su abuela y comentan durante horas los nuevos estrenos de cine, Andy se ha intentado suicidar tres veces, pero como siempre, llegamos a tiempo para darle un par de abrazos y pedirle que no lo vuelva a hacer jamás, yo me conformo con poner cervezas frías a los turistas holandeses y llevarme al catre a alguna rubia jamona quemada por el sol y John. ¿Qué puedo decir de él? Nadie me plancha y almidona las camisas como él, mi pequeña putita francesa.

¿Te ha gustado? ¡Compártelo! Facebook Twitter

Comentarios

  1. laquintaelementa dice:

    Tienes un estilo inconfundible, SonderK. Y una de sus características es pintar las realidades crudas y duras con tintes de humor (remitámonos a tu relato histórico) que tus lectores agradecemos. Y, como siempre, acabas hecho un moñas con “esposa” 😛

  2. levast dice:

    Solamente ideas tan tremendas como la del título las puede tener y desarrollar él. Es una locura extrema pero funciona y los personajes son unos losers encantadores.

¿Algún comentario?

* Los campos con un asterisco son necesarios