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El favorito

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Haced que os mando, creed en mis palabras, y seréis los amos de resto de los hombres, de los animales, de las plantas de esta Tierra y de todas las cosas que en ella habitan. Yo me he erigido en el favorito de Dios, y os elijo a vosotros para ser mis favoritos de entre todos los humanos. Decid que yo os digo.

Yo os digo que seáis malvados y perversos, que no tengáis piedad con vuestros enemigos, destrozad sus pueblos y ciudades, quemad sus casas y violad a sus mujeres. Despojadlos de cuanto posean y esclavizadlos para que su cabeza se hunda bajo vuestras pisadas. Que vuestra crueldad no halle límites, ni siquiera ante la infancia o la ancianidad, torturad y matad a quienes se opongan a vuestras ideas y vuestra fe, sean quienes sean. Y si vuestro enemigo pertenece a vuestro pueblo, usad la maledicencia, la traición y las maquinaciones para que el resto de la gente tome por enemigo suyo y aborrezca y segregue y haga padecer el desprecio de los demás a cada instante.

No miréis por los débiles, antes aun despreciadlos y marginadlos para que se pudran en su desgracia y no infecten la fuerza de los que son más perfectos que ellos.

Dad a los pobres una miga de pan y comeos vosotros todo el banquete. Pero es importante que les deis la miga, porque así, atiborrados y saciados, pasaréis por generosos frente al hambre ajena. Dejad que la pobreza se extienda pues el temor a ella hará que cualquiera esté dispuesto a hacer que ordenéis, incluso a devorar las entrañas de su propio hermano.

Que los humildes os sigan, la gente que no aspira a más que vivir esta vida trabajando con honradez y llevando una vida pacífica. Ellos creerán firmemente en vuestros dictados y os defenderán y os darán su pan aunque a ellos les falte. Habladles de la bondad, de la generosidad, del perdón, del sufrimiento y la culpa. Tendréis un ejército a vuestra disposición que sembrará y esparcirá vuestra doctrina por el mundo. Entre ellos se aliarán y se apoyarán para ofreceros cuanto tengan, y lucharán por vosotros, y os harán inmensamente poderosos aportando cada uno una pequeña parte. Dejadlos que sufran y que se dejen la vida arrancándole un pedazo de comida a la tierra, aspirando a tener un poco de calor entre sus cuatro paredes, mientras vosotros os solazáis en la abundancia y vuestros hijos están a salvo de la carencia. Siempre serán la mayoría, y por eles fundamental que los sojuzguéis con el miedo y el castigo. Cread normas que deban cumplir, decid que yo, en nombre de Dios, os mando, y las cumplirán aunque sea que deban hacerse sangrar su propia carne a sí mismos. Insertad con sibilinas palabras al demonio en sus sueños, y que ese sueño les haga asumir una realidad atroz con voluntariedad. Y otorgadles un ciedespués de muertos para que su vida pueda llegar a ser un infierno sin que protesten. Creerán sinceramente que así debe ser.

Enseguida llegarán los fanáticos y ellos serán la espada que corte las gargantas que me cuestionen. Alimentadlos y cebadlos, pues la influencia de uno sode éstos puede llegar a miles, a millones, y serán capaces de atar cada uno de esos corazones en sus manos y ponerlos a vuestra disposición. Haced que los fanáticos sean el ejempa seguir, aunque su forma de vida vaya contra la naturaleza humana. Los demás admitirán que están poseídos por la divinidad, no por la locura.

Dadme distintos nombres a largo de la historia y que cada civilización me pronuncie a su manera, que me represente como un muñeco o que vuelva invisible mi imagen, y provocad guerras por este hecho, pues de la guerra sacaréis beneficio. Los humildes matarán y se dejarán matar, enviarán a sus hijos a asesinar a los hijos de otros y permitirán que su pecho se abra en canal con espantosos tajos si les convencéis de que yo, en nombre de Dios, os mando. Y así, vuestros hijos seguirán a salvo de la guerra y serán los que, señalando con el dedo, decidan quién debe matar a quién mientras cuentan su fortuna y sus placeres en cómodos palacios.

Y llegarán los mesías como un torrente, los hijos de Dios y todos sus parientes, y alguno quedará anclado en la historia y aquel que consiga obtener más devotos a su favor engendrará una raza que gobierne a los rebaños de esclavos.

De este modo se multiplicarán los dioses entre los hombres, se irán sucediendo a través del tiempo, y la palabra de Dios dará paso a la fe. Y con la fe, debidamente manipulada, podréis gobernar el mundo a vuestro antojo. Y que cada Dios sea el único y verdadero después del anterior. No importa qué nombre ni qué forma tenga, siempre sed sus favoritos.

Aliaos siempre con los poderosos, con los más canallas de los hombres, y dotadles de un aura divina para que su crueldad pase por sabia autoridad. Procurad estar siempre del lado de las armas e insertad vuestros símbolos en sus empuñaduras y en sus banderas. Porque si estáis del lado de las armas estaréis lejos de las heridas que otros padecerán empuñándolas a vuestra orden.

Y poneos asimismo siempre de parte del dinero, pues en el dinero la gente deposita su alma y así la tendréis sometida. El oro moverá a los reyes y los siervos al ritmo de su brillante mentira, no es más que un metal como cualquier otro. Pero hará pasar por el mejor al peor de cuantos existan, pues el valor de una persona, al cabo, será únicamente el valor de cuanta riqueza haya acumulado. Y esto será así por los siglos de los siglos.

Convertid a las mujeres en vuestras siervas, no dejéis que sean personas, sino ovejas humanas, que acaten que ordenéis y os sirvan en todo, y prostituidlas para que satisfagan vuestros vicios. Y humilladlas y maltratadlas ya que como hombres sois más fuertes y el macho ha de prevalecer sobre la frágil hembra. Y si violáis a una mujer decid que es porque Dios así ha querido.

Promoved peregrinaciones a lugares sagrados, y rituales simbólicos, que cada sociedad estime los suyos y los haga valer por únicos, que la gente se junte en la masa y que hasta el ser más despreciable se sienta importante por pertenecer a ella, y se sienta dignificado, aunque sea un criminal sin escrúpulos. Que un sorezo le perdone sus crímenes y que aunque haya arruinado al prójimo, aunque le esté reventando a otro la cabeza con una piedra, se sienta bueno porque vuestro Dios así os manda.

Pero hablad de la bondad, de la comprensión, de la solidaridad. Vuestra maldad se enseñoreará de los corazones ingenuos e indefensos. Y aunque padezcan infinitos infortunios a largo de la vida, hacedles aun que se arrepientan por no haber rozado siquiera la grandeza de Dios. Y dejadles la puerta del arrepentimiento abierta para que sus vilezas tengan un consuemientras las cometen una y otra vez.

Usad la mentira, la falacia, la intriga, el odio, para que los hombres teman unos de otros y se enfrenten, así serán débiles y asustadizos y vuestro poder será más grande cuanto más mengüe su persona y más comprimidos estén en las severas normas que les impongáis. Que hasta para poder beberse un trago de agua tengan que renunciar a sí mismos.

Si queréis dominar a los hombres, hacedlos creer en Dios. Un Dios comprensivo y benévoque oculte vuestra ambición y vuestra perversión, que os haga vivir espléndidamente mientras los demás padecen. Estableced prohibiciones, leyes y ritos, por muy absurdos que parezcan, y hacedlas cumplir con severidad. Cegad que tienen ante sus ojos y hacedles ver que vosotros queráis que vean, y aunque la sangre les esté salpicando en la cara, que su mirada apunte al infinito.

Y usad el miedo porque en este mundo salvaje el miedo es necesario incluso para que una araña sobreviva.

Usad el miedo, la miseria y el dolor, la angustia y la pena, y disfrazadlas de esperanza y redención.

Decid que Dios ha creado los planetas y la vida de un soplo, que es el todo que compone la nada, no deis a entender que el universo sea capaz de hacer tal cosa, a pesar de las maravillas que desde ínfimo a inmenso nos muestra constantemente. Haced creer que el universo se nos queda pequeño a los humanos y alimentad esta soberbia en sus oraciones.

Lo que diferencia a los hombres del resto de los seres que habitan la Tierra es la conciencia, y en la conciencia se esconde el arma más poderosa para someter el mundo a vuestro antojo. Si sabéis ver, si entendéis el poder de la conciencia, seréis los amos de todas las vidas desde su nacimiento hasta su muerte.

Y consagrad favoritos para que extiendan que os digo, haced creer que son seres superiores con el don de otorgar una inmortalidad futura a quienes se arrodillen y se sometan ante ellos.

Si juntáis un puñado de hombre y mujeres seréis una secta. Y si juntáis a millones fundareis una religión perpetuada por nuestra raza dominante.

¿Y qué os importa si existe Dios o no? No se puede demostrar ni uno, ni otro. Aprovechaos de ello.

Esparcid esta enseñanza en secreto solamente entre aquellos que estén dispuestos a llevarla a cabo. Que estas palabras sobrevivan al tiempo anotadas mil veces en distintas formas y lenguas, ocultadas en textos crípticos y ambiguos, que en el mismo párrafo uno interprete el día, y el otro la noche. Pero vosotros, los favoritos, seréis los únicos que de verdad entiendan que dicen.

Yo, el favorito de entre todos vosotros, así os lo mando.

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